Dillon, Texas. Pueblo donde el football es una religión. Donde cada viernes unos héroes vestidos de azul dan una muestra del poderío de sus lugareños. Un lugar donde es fácil vivir siendo un héroe. Un pueblo donde perder significa pasar de ser adorado a ser marginado. ¿Te interesa esta descripción? Continúa leyendo.

El pueblo de Dillon es prototípico del estado de Texas. Camionetas, gorros de cowboy, industria ganadera, grandes casas separadas entre sí en mitad del campo y vecindarios carentes de padres de familia que han ido a combatir por su país a Irak. Retrato acertadísimo y realista. No hay que olvidar que el estado de Texas es mayoritariamente republicano. De hecho, George W. Bush (G.E.P. = que gobierne en paz allá donde esté) fue gobernador de este estado en su paso previo a ocupar el sillón de la sala oval. Desde luego, es un lugar donde te encantaría vivir si fueras un tipo al que sus cualidades físicas le hacen ser alabado cada viernes noche por todos tus vecinos. ¿Qué te parecería si te dijera que en este pueblo los policias no te multarían por exceso de velocidad si hubieras hecho un buen partido? Hasta ese punto llega el poder del football en este pueblo de texanos 100 %.

Lo que más me gusta de este pueblo es que representa perfectamente el sueño americano. En este caso, personalizado en el football, decenas de jóvenes cada año defienden los colores de los Panthers (nickname del equipo de football de Dillon) con la esperanza de utilizar este escaparate como trampolín para alcanzar sus sueños. No es raro encontrar entre sus componentes a niños que van desde un joven negro que trata de conseguir una beca universitaria para poder llegar a ser profesional y dar un futuro a su familia, a un chico cuyo única expectativa que de él tiene su hermano es que sea una estrella de football si antes no ha dejado embarazada a cualquiera de las chicas que pasan por su cama, pasando por el chico ideal al que todos aman, tiene la vida perfecta de puertas hacia afuera y que parece haber nacido para ser un ídolo a seguir (gran quarterback, familia acomodada, guapo, novio de la jefa de cheerleaders… ).

Leyendo hasta aquí, pensarás que Friday Night Lights es una serie estereotípica sobre el mundo de los adolescentes y el fútbol. Craso error, amigo/a. Jamás des nada por supuestoe n FNL porque te equivocarás. Por ejemplo, ¿crees que por todo lo dicho el puesto de entrenador de los Panther es de tanto poder como el de gobernador del estado? Podría parecer que sí, que es muy sencillo ser el entrenador  del equipo puntero de Texas y que además te facilitaría una posición social privilegiada. Ni mucho menos. Es precisamente una carga que es difícil de llevar en Dillon. Tal vez en otro pueblo no sería tan nociva, pero estamos en un lugar donde el fútbol es una religión y, por tanto, el entrenador es constantemente enjuiciado, subido a los altares y bajado a los infiernos. Sin motivo aparente. Tan sólo es una marioneta del pueblo que busca que sus plegarias sean escuchadas. Cada persona en Dillon se cree un coach mejor que el actual y debe de hacerse oír criticando al coach cuando toca y alabándolo (cuando toca, aunque más esporádicamente).

Dillon nos proporciona una posición privilegiada para ver desde la perspectiva de personas que viven aisladas en su autoproclamada grandeza y que no ven más allá del resultado del partido de cada viernes. Personas que se amparan en la doble moral para tapar todos sus trapos sucios, que pueden haber engañado públicamente a su esposa y con ello haber roto a su familia y ser la comidilla del pueblo pero que no por ello tienen reparo en ir al estadio de los Panthers cada viernes, a seguir con una tradición que es más importante que su propia familia. “Ganad y todo irá bien” parece ser el mensaje que quienes van a ver el partido cada viernes envían a los miembros del equipo. Por deducción, el contramensaje es que si pierden, esa semana en el pueblo será mucho más difícil que lo habitual para todos, comenzando por el entrenador y los jugadores.

Sin duda, en un lugar de doble moral tan dicotómica, rizar el rizo sería que los planes del equipo no salieran como se espera, que el equipo pierda y que por el camino queden afectados miembros del equipo. No pasa nada, en cuanto los Panthers vuelvan a ganar todo se habrá olvidado. Más exactamente, todos se habrán olvidado de quienes han perdido en esa batalla, de quienes se han quedado por el camino, de quienes ya no pueden hacerles disfrutar enviando un buen pase o logrando un touchdown en el último segundo de partido.

Debéis de descubrir por vosotros/as mismos/as la delicia que es disfrutar de la historia de Dillon, de los problemas que se le presentan a Eric, a Smash, a Riggins, a Tyra… Debéis aprender plano a plano de la aventura de enfrentarse constatemente al enemigo que te ensalza, de luchar por salir adelante de familias desestructuradas, de cumplir con el objetivo que te han marcado tus padres en la vida, de salir de la desilución que siente tu entorno por quien ellos consideran un “quiero y no puedo”. Todo eso es FNL y, en menor medida, es una serie de fútbol.

Para mí, FNL es una serie de emociones, personajes con los que nos hemos identificado en algún momento de nuestra vida pasada (o venidera en un futuro), de esfuerzo y de lucha contra uno mismo y contra el entorno. Todo cobra un valor excepcional en esta localidad. Cada paso avanzado es un pequeño logro que no todos son capaces de lograr. Porque, en cualquier otro sitio, la vida sería mucho más fácil. No lo olvidéis.

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